No sabía que vivía aprisionada, hasta que probé la libertad, no sabía que vivir liberada, hasta que aprendí a pensar.
Este es un texto que busca plasmar el camino de libertad que se me ha mostrado,
un día hace diez años volví a nacer.
Me pregunto si fue una experiencia cercana a la muerta, tanto como fue a la vida.
Fue incontablemente íntima.
Duradera.
Volver a nacer en agua y espíritu es lo que torpemente describo.
Tocar el fondo de mi habilidad, hasta el punto de la autodestrucción y ser rescatado por Dios.
Cargado, salvado de la inminente ruina que estaba construyendo diligentemente.
Escribo mientras vividas imágenes de esos eventos que pudieron ser cataclísmicos vienen a mi mente.
Pero ese no fue mi destino. Jesus me salvó.
Han tomado una once años desde ese momento hasta el día de hoy.
Una década y un año caminando de la mano con el mismo que tengo la convicción me creó.
El que me conoce íntimamente, sabe de donde vengo, no hay nada que esconder.
Solo hay libertad y fortaleza en esta relación de intima vulnerabilidad.
Cómo me iba a imaginar que no sabía ver la realidad adecuadamente. Solo conocía mi punto de vista. El que había tenido por veinticinco años,
y veinticinco años eran toda mi vida.
Hoy es el primer día de mi treinta y seisavo año y puedo mirar hacia adelante con otra forma de ver, otra forma de pensar, otra forma de sentir, otra forma de vivir.
Qué bonito es empezar esta parte de mi camino en la tierra escribiendo de la bondad y caridad que he recibido.
Llevo años queriendo despertarme a las cinco treinta de la mañana, antes que mis familia. Ni con todo mi esfuerzo, ni con toda mi voluntad abri los ojos como hoy se abrieron. Como por si solos.
Mi percepeción fue la primera en despertar mientras soñaba y sentía el profundo amor y deseo entre mi esposo y yo.
Mi conciencia fue la siguiente en involucrarse en este evento del que unos minutos después estaría escribiendo aquí.
Me empecé a dar cuenta de que estaba en un sueño que no quería que termine, pero al contrario que quería que se materialice.
Entonces, entre el vaivén de las imagenes de lo que se estaba convirtiendo en el primer riverie de mi día, considere despertar a mi esposo para hacerlo realidad.
Lo siguiente en desperar en mí fue la razón, cuando me di cuenta de que mis hijitos estaban durmiendo inocentemente junto a mí.
La verguenza despertó también, cultivando mi amor hacia mis hijos.
Pero no quería que mi sueño termine súbitamente tampoco, mi esposo y yo estabamos disfrutando de unos de nuestros hobbies de la temporada, windowshopping. Estabamos mirando una hermosa casa y departamentos de lujo.
Estabamos disfrutando de un riverie, dentro de mi riverie. Soñando despiertos dentro de mi sueño con el que estaba despertando.
Qué vívido ha sido.
Me encanta despertar así, es como si hubiera tenido un nuevo y emocionante día antes de empezar el nuevo día.
Perfecto para entrar en un humor bien agradable antes de despertar.
Unos minutos después ya estaba aquí escribiendo.
Eran las cinco con treinta minutos exactamente cuando salí de la cama para ver la hora.
No fue hace mucho que recordé con añoranza y emoción vivir este tipo de eventos antes de despertar durante mi infancia.
En ese momento compartí en oración ese recuerdo con mi padre celestial, no escondí mis sentimientos de añoranza y deseo por vivirlos otra vez.
Quien me iba a decir que un día después de empezar mi vida como una mujer de 36 años, la promesa que mi Señor me ha dado en su salmo 91 de llenar mis labios con buenas cosas y renovar mi juventud, se materializaría con este hermoso evento de culminación.
Años orando por despertar con facilidad a las cinco y media, antes que el resto de mi familia, siendo tomada de la mano de la bondad de su palabra, porque nunca dude que sucedería, nunca dude de su poder capaz de sanar cualquier herida, capaz de restaurar toda ruina, capaz de fortalecer toda alma.
Y en ese proceso de esperar llegar al día de hoy, experimenté frustración a veces, pero creo que no me culpaba, tengo confianza en los tiempos de Dios. Hay veces como en esta ocasión en donde veo cuan especial ha sido lo que ha sido preparado.
En estos momentos caigo en cuenta del sufrimiento inmaculado que el Señor no despreció con tal de que hoy fuera posible. Me avasalla.
Lo único que queda por hacer ahora, cuarenta y cinco minutos después de realizar mi actividad favorita, escribir de los preciados eventos que se suscitan en mi cabeza, es darselo todo a mi Señor y llenar mi mente de su palabra que tanto me da y que tanto bien produce.
Hoy quiero que me llene de mas amor.
Hoy quiero recibirlo a manos llenas y tener la habilidad de darlo a manos llenas.
Hoy quiero ser la sal del mundo por él. Si por él, no por mí.
Hoy quiero ser la medida apropiada de sal para cada evento delante de mí.
Hoy quiero vivir despierta.
Gracias, mi Señor.
En el nombre de Jesucristo, mi señor, amén.
Deja un comentario